Guitarra renacentista

LA GUITARRA RENACENTISTA DE CINCO SIGLOS

 

 

 

Junto a la vihuela y el laúd, entre otros más por supuesto, se usó muy especialmente durante el Renacimiento la guitarra. Anota Juan Bermudo (1555) que la guitarra sólo difería de la vihuela en el menor número de órdenes (dobles cuerdas), cuatro en la guitarra; además, el clavijero de ésta no poseía forma de pala, como el de la vihuela, sino que estaba angostado hacia el extremo.

 

Señala Ramón Andrés (en su Diccionario de instrumentos musicales…) que en el inventario (1576) de don Diego de los Cobos, marqués de Camarasa, se relacionan “una guitarra de ébano, labrada de taracea con su caja de cuero negro”, así como “otra guitarra de ébano con costillas con su caja de madera blanca” y “una guitarra toda blanca, toda labrada de taracea la tapa”. Es una pena que ni éstas, ni otras guitarras de esa época hayan llegado hasta hoy.

 

En efecto, como no se ha conservado ninguna guitarra renacentista (hay una portuguesa de Belchior Díaz que pudo haberlo sido pero que fue transformada con posterioridad), el instrumento de cuatro órdenes que posee CINCO SIGLOS fue construido por José Ignacio Fernández Palop sobre un kit de Renaissance Workshop Company diseñado a partir de testimonios iconográficos.

 

 

Este instrumento está actualmente siendo objeto de una profunda remodelación que afectará sobre todo a su tapa armónica.

 

 

Una de las fuentes iconográficas que más se utiliza al reproducir actualmente guitarras renacentistas es el grabado de la portada del libro de Guillaume Morlaye y Simon Gorlier (de 1551 a 1553, Paris).

 

Grabado de Guillaume Morlaye

 

Aunque las primeras fuentes de música para guitarra de cuatro órdenes son españolas (Mudarra y Fuenllana), el citado libro testimonia una fuerte presencia del instrumento en Francia, extremo confirmado por esta sabrosa cita incluida en el Diccionario de Andrés. Es del anónimo Discours non plus mélancoliques… de 1557 y podría traducirse así:

 

“…desde hace doce o quince años todo nuestro mundo se ha puesto a guitarrear, echando casi en olvido al laúd […], de manera que encontraréis hoy más guitarras en Francia que en España”

 

 

 
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